GEPS – Grup Excursionista Santfeliuenc

Duatlón de Vallfogona del Ripollès

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Como dice Luis: “Siempre pasan cosas, la Vallfogona”.

Esta era nuestra cuarta duatlón de Vallfogona, el pequeño pueblo del Ripollès de nuestra amiga, y organizadora, Goreti Farrés, y no podía dejar de pasar alguna “de estas cosas” que dice Luis. La primera que hicimos tuvo por protagonista la nieve en un día soleado que nos sirvió mientras corríamos unas vistas espectaculares del Pedraforca. La segunda duatlón fue el escenario embarrado y lleno de hojarasca propiciador de una lesión de tobillo para el Lluís. La tercera carrera fue de las más duras jamás corridas con barro, frío y sobre todo una niebla ripollenca que helaba los sentidos. Ahora seguidamente leeréis lo que fue la cuarta edición de una duatlón que, si habéis corridas ya otros, esta concretamente no os la podéis perder y, si nunca habéis hecho ningún, atreveros con esta, que os digo que es mágica y que cuando un deportista la conoce ya no puede prescindir.

Viajamos por suerte, com entendreu, con la “furgo gran” hasta Vallfogona temprano por la mañana con la idea de poder hacer un buen calentamiento. Valió la pena ir los tres: Alba, Luis y Esteban estrechos sentados en la hilera delantera un rato de trayecto para poder luego cambiarnos cómodamente dentro la espaciosa caja de carga del vehículo. Y es que llovía. Llovía bastante y no dejó de hacerlo en toda la mañana y, por tanto, no dejó de hacerlo en ningún momento mientras el cronómetro hacía su trabajo.

Efectivamente pudimos hacer un buen calentamiento. A la salida, siempre va con, vivimos una fuerte emoción instantes antes del disparo de salida y sobre todo en el momento del arranque. Las corredoras y los corredores de duatlones, no sé si los que habéis ya corrido opinaréis el mismo, generalmente son gente sana que, como un Kílian o una Mireia Miró explican en las entrevistas que les he leído, corren por pura diversión pero, sobre todo también, por pasión y por amor al medio donde se realizan estas pruebas: la montaña. La voz de los altavoces que da las últimas indicaciones y agradecimientos a los participantes amontonados en la línea de salida y, en gran parte la música a todo trapo que sale de los altavoces y que llega a hacer vibrar el pecho de estos, acaban de redondear todas estas emociones de las que os hablo.

Salimos veloces Lluís y yo y hacemos la acostumbrada vuelta de honor por el pueblo antes de coger el camino de ronda que rápidamente nos lleva al sendero pedregoso y embarrado que conocemos de otras veces. Los recorridos de Vallfogona y sobre todo la acción de la climatología siempre ponen a prueba los participantes más técnicos. A sólo 5 minutos de haber arrancado la comitiva ya estirada permitiendo que los pasos estrechos no sean cuellos de botella. Alrededor del pueblo, a las diferentes cruces del itinerario, diseminadas maravillosamente, personas de la organización de todas las edades enfundados con “xubasquerus” nos animan y alientan agradecidos. En el punto intermedio de los 5 la 6 kilómetros de la primera parte a pie llegamos a un punto donde el camino, que está literalmente escarabajo a una gran roca, transcurre por un pasillo con ventanas que nos regala unas gotas salpicadas de la cascada de agua que como cortinas las adornan.

Cerca del final de la primera parte a pie, un momento antes de la transición donde dejamos las zapatillas y tomamos las bicis, hay unos metros durísimos de barro ya pisado por los corredores que han pasado antes que nosotros. Al “caja” donde a finales podremos dejar de correr y tomar la bici aprecio aún más los gritos de ánimos de Alba y los muchos otros espectadores que como ella tercos luchan contra el chaparrón para podernos ver y animar. No creo que lleguen a hacerse a la idea de la enorme porcentaje de energía que nos transmiten en estos instantes. El cambio de disciplina el visualizo siempre como un bálsamo para mis piernas, como mínimo al principio, mientras los músculos de éstas están todavía aturdidos y aturdidos traspasándose la tensión de los más indicados para correr los más indicados para pedalear.

En Vallfogona siempre nos hacen atravesar una riereta que a veces parece río. No tiene ningún sentido evitar mojarse los pies, los pedales estando. En pleno otoño Ripoll no dejaremos de encontrar inmensos charcos de agua en todo el recorrido y de hecho, ¿por qué no? Estem competint, estamos disfrutando, estamos deseando pasar este río cabalgando la bicicleta al igual que las criaturas no pueden permanecer de meterse de pies en los charcos un día de lluvia. Con la bici pues pasaremos infinidad de piscinas de barro y montones de hojas de mil colores y saborearemos el puro aire de la región gracias a la ventilación exagerada de nuestros pulmones, obligados por el recorrido de “plato pequeño y piñón grande” que siempre tiene la primera parte del tramo de bicicleta.

 

Se hacen muchos amigos en esta parte de la carrera, creedme. Luis y yo siempre comentamos que avanzamos más participantes en esta parte porque dominamos más la bici que no el ser veloces corrientes a pie, pero también es donde solemos tener más tiempo para identificar aquellos que nos servirán en el más puro la competición. Os hablo de aquellos corredores, los corredores, que se pegarán a nuestra rueda o aquellos que nosotros perseguiremos porque habremos convertido en nuestro objetivo o “pastanaga” para no dejar de tensar con los pedales y que acabaremos para felicitar cuando acabamos la prueba. En otras duatlones reencontramos estas personas, y ya conocidas nos saludamos y deseamos buena carrera, que es precisamente uno de los alicientes de estas pruebas “en familia” que nada tienen que ver con las triatlones urbanas.

El final del tramo en bicicleta coincide con el punto más bajo de acceso al pueblo. La subida es muy derecha pero no nos podemos quejar, ya que esta vez no nos han hecho pedalear los veintidós dos o veinte y tres kilómetros acostumbrados en estas pruebas. Mi cuenta-kilómetros en marca aproximadamente unos diecisiete. Ya casi a la transición me doy cuenta que Lluís, que me ha adelantado con la bicicleta en seguida que ha comenzado esta parte, me lleva unos minutos de ventaja; es un gran competidor. De nuevo siento el bálsamo del cambio de disciplina. Mientras empiezo a bajar por el camino de ronda otra vez, corro lentamente y los dolores agudos que siento en la rodilla izquierda contrastan con la picoreta relajante que siento en los muslos mientras tengo aún los músculos de las piernas enterándose y dando cuenta de que ya no tienen que pedalear, que ahora deben correr!

El último tramo corrientes siempre es duro porque es el momento final pero he conseguido superar los Doloretes y estoy fuerte ya pleno rendimiento. Si el momento de arrancar es emotivo, también lo es el de llegar. Finalmente la gloria y el éxtasis del paso por meta. Luis y Alba apenas acaban de reencontrar hace unos momentos. La Gore me anima y me orienta hacia la salida del tramo de meta y me conduce a la abituallament. El comentario de entonces es obligado porque así lo siento: la duatlón de Vallfogona es especial. Siempre a la altura de mis expectativas, fidel, en “carga más las pilas” haberla corrida que las descargo yo mientras pongo a prueba articulaciones y músculos participando.

Si una twitts es algo que se puede dedicar, esta la dedico a mi compañero de aventuras Luis y sobre todo a Alba, que es la principal autora de las fotografías que acompañan este texto.

HASTA AQUÍ PUES EL TEXTO DE ESTA twitts.

gracias!!

Era

 

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